Por nuestra situación, es fácil deducir el por qué del nombre de nuestra farmacia, “Farmacia La Estación”. Localizada en frente de la estación de tren de Toledo, resultaba muy adecuada esta denominación para la farmacia. En este artículo, queremos rendir un pequeño homenaje a este notable monumento que nos da nombre.

Farmacia La Estación

En un viaje de Alfonso XIII a Toledo, en 1912, comentó a las autoridades locales, su sorpresa a cerca de que una ciudad como ésta no tuviera una estación de ferrocarril a la altura de su nivel arquitectónico. Ese mismo año la Compañía de Ferrocarriles, inicia las gestiones para la construcción de una nueva estación que, se encarga al arquitecto D. Narciso Clavería y Palacios, que vendría a sustituir al anterior edificio que databa de 1858.

Las obras se iniciaron en 1917, bajo las órdenes de este arquitecto, gran impulsor del renacimiento mudéjar en España, que consiguió dotar al edificio de matices tanto cromáticos como materiales, sin dejar pese a ello, de ser funcional y moderna. Las obras se prolongan durante tres años  con un coste superior al millón de pesetas, los materiales utilizados fueron fundamentalmente ladrillo, piedra, cemento y hierro, que se combinaron de forma muy decorativa para conseguir el notable estilo que tiene la estación.

La distribución está compuesta por un edificio de viajeros, situado en un lateral de las vías, donde se encuentra una marquesina de hierro sostenida con elegantes columnas. Este edificio, consta de un pabellón central, que posee cinco puertas de entrada al vestíbulo sujetas por arcos de herradura apuntados. En el interior destaca la taquilla con un forjado muy llamativo y espectacular.  La parte inferior de las paredes del vestíbulo está revestida de mosaicos de azulejos al igual que el artesonado del techo con formas muy características. Todos los ornamentos y formas interiores de la estación fueron realizados por artesanos toledanos que lo dotaron del inconfundible estilo de la zona. En el extremo izquierdo de la estación, sobresale una curiosa torre de reloj, muy poco habitual en estaciones y más común en iglesias de estilo mudéjar, propias de la ciudad, por esa forma de minarete o de campanario.

El edificio se completaba con instalaciones menores como el muelle de la pescadería, el pabellón de urinarios y el transformador de electricidad, a los que alcanza el gran concierto de oficios del edificio principal y en los que se prolongan los arcos de herradura polilobulados y entrecruzados, los frisos de ladrillo, las almenas escalonadas, las armaduras de carpintería, los alicatados y las celosías que lo componen.

El conjunto arquitectónico, aunque de gran belleza, fue polémico en su día porque el estilo no encajaba con el de las estaciones en general, en esa época, donde en los inicios de las construcciones ferroviarias, se tendía más a la sobriedad, a la funcionalidad y a un estilo más industrial.

Declarada Bien de Interés Cultural, está catalogada como monumento desde el 21 de noviembre de 1991. Fue restaurada en 2005, con la llegada de la alta velocidad a la capital toledana, de esta forma se unía Madrid y Toledo, en un tiempo de apenas 30 minutos, sin paradas  intermedias y que permitiría facilitar el acceso del turismo a la ciudad y a los ciudadanos toledanos  ahorrar tiempo en sus comunicaciones con Madrid.

En resumen un edificio que merece la pena visitar y de paso os invitamos, también a que os paséis por la farmacia, ¡seréis bienvenidos!

 

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